CRÓNICA

‘La gran Petra Gámez’, y sus confidencias con Poncho Zuleta

Fue precisamente una noche de aquellas, un 24 de junio, en la década del setenta, cuando se conoció con Poncho Zuleta, quien, luego de degustar sus típicas delicias, juró fidelidad eterna a sus recetas y el justo reconocimiento a su nombre.

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‘La gran Petra Gámez’, y sus confidencias con Poncho Zuleta

‘La gran Petra Gámez’, y sus confidencias con Poncho Zuleta

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A través del ancho callejón, custodiado en sus orillas por un jardín de palmitas y sábila común, violetas y cortejos, se arriba a la legendaria estancia.

Es un antiguo salón bajo una techumbre sostenida por cuatro columnas de argamasa, de arquitectura simple y ordinario acabado, y cuyo mobiliario se reduce a unas cuantas mesas con coloridos manteles a cuadro, sus taburetes en adormecido éxtasis y los blancos ventiladores eléctricos colgados de la escueta muralla, como ávidas palomas en vuelo. A un extremo del recinto, un pendón colgante preside el entorno: ‘La Gran Petra Gámez, la reina de la sazón’. 

Entonces, por un estrecho pasadizo, avanzó hasta el imponente promontorio doméstico del traspatio, donde un parco mozalbete y tres gentiles doncellas aderezan a fuego lento la más exquisita leyenda de la región. Contempló las parrillas con sus asados humeantes, el rancio cuartico con la pilastra de leña y carbón, y la nostálgica chimenea en desuso. 

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