Todo estaba listo. El atril color café, estaba intacto justo al frente de quien daría la mala noticia ante los medios de comunicación: una epidemia de ‘locos’ se estaría apoderando del territorio nacional.
No era una pandemia como la del coronavirus, ni se transmitió por el aire, menos por un animal como el murciélago. Nada de eso. Esta surgió desde una cómoda oficina ubicada en Valledupar y con un entramado judicial propio del mejor estilo cinematográfico de las grabaciones de Hollywood.
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