Todo se vino al suelo de un momento a otro cuando la felicidad era la protagonista, y llegó el llanto vestido de desespero sin ser invitado al matrimonio cristiano de los jóvenes Camilo Andrade y Ebed Shaday Calderón Rosales, quienes pertenecen a la Iglesia Cristo Vive en Mí.
Ellos habían escogido la noche del pasado sábado primero de junio en la casa campo Riascos, en las afueras de Valledupar, para unirse como lo señalan las sagradas escrituras. “El hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá con su mujer, y serán los dos una sola carne. Pues bien, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”.
El pastor José Rosales, tío de la novia, cumplió esa voluntad. Sus palabras fueron elocuentes para los recién casados. “La gracia de Cristo permanezca con ustedes, el amor de Dios les guarde y el Espíritu Santo les sostenga de tal manera que puedan crecer en amor santo, encuentren la luz y sostén el uno en el otro siempre, y permanezcan fieles hasta que la muerte los separe”.











