Alicia Sierra Márquez, oriunda de La Paz, Cesar, madre de cinco hijos y trabajadora incansable, desde muy joven lavó ropa a orillas del famoso río Mocho, ubicado en ese municipio, y también trabajó para diferentes familias para poder llevar parte del sustento a su hogar.
Reflejando desde temprana edad que sería una mujer luchadora por sus sueños, a los 17 años de edad ya estaba descubriendo las bondades de lo que se considera hoy el segundo pan del mundo: la almojábana.
Fue así como después de dedicarse a varios oficios que la acreditaron como una persona honorable, honrada, emprendedora, responsable y dedicada, se involucró a la venta de la almojábana cuando La Paz aún era un pueblo pequeño, con calles empedradas, sin el bullicio de la gente pero con la alegría y amabilidad que caracteriza a esta parte del Cesar.











