Todo comienza en aquellas épocas remotas, en que la historia, la cultura, el poder y la comunicación se centraron en Bogotá. Concentrado el poder en la capital de la Nueva Granada, desde allá se trazaba la vida y la muerte hacia la periferia. La Independencia provocó algunos cambios, pues la subversión de los patriotas dinamiza otras formas de comunicación que buscan ser más asequibles a sus huestes, sin embargo, no la democratiza, tan solo la concentra en los centros de poder y los nuevos detentores que iban surgiendo según los acontecimientos.
Dada la Independencia se inicia una comunicación en los estados o departamentos, los que dominan el poder en estos, concentran la información y comunicación en las capitales y desde allí comienzan a escribir su propia historia, contando y detallando gestas de sus pueblos, incluso magnificándolas con el objetivo consciente o inconsciente de dominar las provincias.
Uno de estos casos para mencionar, el que toca en el caso que me ocupa, fue el de Santa Marta; se fortalecieron políticamente y nutrieron ese poder siendo el epicentro cultural, histórico, político y económico de ese vasto territorio conocido como el Magdalena Grande.











