Con encomiable sentimiento familiar mi querido primo hermano José Manuel Aponte Martínez, y con insistencia persistente, me ha animado a escribir algo para retrasar lo más posible el olvido inexorable, la memoria de mi padre y de su tío Pedro Nel Aponte Marzal. Tarea difícil cuando él no fue un héroe, sino solo un hombre común y corriente, pero, sí un punto de referencia obligado en el desarrollo de nuestra región, y recipiente de inolvidables aconteceres familiares.
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Ha sido costumbre de nuestras gentes, habitantes de la región de la hoya del cesar y Ranchería (sur de la antigua Provincia de Padilla y de Valledupar), distinguir a personas sencillas, con marcado acento ciudadano, que aún sin ostentar bienes de fortuna, inspiren respeto y por lo tanto acato; al hombre con la distención de don y a la mujer doña y aún más con inigualable cariño, ‘niña’.











