En una crónica anterior me referí a la reina de los trovadores y juglares hacia el siglo XII, Leonor De Aquitanea. Época en buena parte perfumada por la presencia femenina en las cortes reales y principescas francesas, especialmente en la región de Aquitanea, fértil y hermosa, en la que los poemas amorosos de los trovadores y los cantos de los juglares alegraban la vida de los de arriba y de los de abajo.
Cualquier parecido con lo nuestro es mera coincidencia. Pienso que aquel folclor fue de alguna manera precursor del folclor vallenato y guajiro, nutrido de bonomia, pero también de bohemia. En el mejor sentido de esta palabra la usó el otro día en este periódico, en una crónica afable, el escritor, poeta y arquitecto Jaime Orozco Orozco.
Dicen los entendidos que fue en aquel siglo cuando se inventó el amor, aunque recordando seguramente las ternuras de cupido, dulcemente amamantado por su madre Venus, según la mitología romana.











