En el lienzo de nuestra historia, las elecciones se pintan con euforia o desencanto, pero rara vez con el óleo de la autorreflexión. Los resultados que determinan que Abelardo de la Espriella asuma la presidencia abren un nuevo capítulo en la arquitectura social de nuestra patria. Ante este veredicto, mi postura no ha sido el aplauso ciego ni la confrontación, sino el silencio consciente de la abstención deliberada. No votar no es apatía; es una resistencia pacífica y “sentipensante” que se niega a alimentar la falsa narrativa de una nación irremediablemente polarizada.
El relato político insiste en dividirnos en dos fuerzas enfrentadas. Sin embargo, si analizamos el censo electoral, el panorama es revelador: la derecha obtuvo cerca del 29 % de los votos del total de ciudadanos habilitados y la izquierda arañó un 28 %. El verdadero peso mayoritario, el porcentaje invisible pero contundente, habita en ese 42,12 % de abstencionistas sumado a los votos en blanco. La verdadera Colombia no está en los extremos que gritan, ni la solución habita en un centro tibio y sin alma. Late en el silencio de más de diecisiete millones de ciudadanos. Ellos son los verdaderos “nadies” y los “nunca representados”, una inmensa mayoría que se apartó por paz mental ante el odio y la falta de coherencia de ambos lados. Su abstención es un grito de hastío frente a un aparato estatal carcomido por el verdadero cáncer de nuestra sociedad: la corrupción endémica y las malas prácticas en un servicio público que debería apuntar a la prevalencia del bien general sobre el particular.
Como arquitecta, escritora y artista, sé que las estructuras más sólidas no son las que se imponen a la vista, sino los cimientos invisibles que sostienen la diversidad. Una sociedad no se construye derribando al otro ni vaciando cemento ideológico; se edifica como un libro abierto. Las campañas pasan, pero las fracturas en el territorio permanecen. Por ello, el desafío del presidente electo no es administrar un triunfo, sino comprender que Colombia es un relato complejo donde cada provincia y cada silencio cuentan. Un líder grande afina el oído para escuchar a quienes mantenemos una distancia crítica desde la total independencia civil.






