Hoy se posesiona el presidente electo de la República de Colombia, Abelardo de la Espriella, y los colombianos lo mínimo que esperamos es que, dentro de cuatro años, estemos celebrando recibirle un país mejor del que le entrega Gustavo Petro Urrego.
No tengo dudas de que a muchos ciudadanos y ciudadanas les cambió la vida en los anteriores cuatro años. Se sabe que son millones de personas quienes mejoraron su condición gracias a las mal llamadas políticas asistencialistas, que, a mi juicio, no buscan otra cosa que hacer efectivo el Estado social de derecho. Hoy son más los compatriotas quienes, por lo menos, tienen acceso a un plato de comida digno en Colombia.
Los millones de trabajadores que ganaban un salario mínimo paupérrimo pudieron comprobar efectivamente cómo la voluntad política de los gobernantes puede transformar su existencia con conceptos como el salario mínimo vital, que sencillamente duplicó sus ingresos en solo cuatro años.





