Este domingo los colombianos iremos a las urnas para decidir quién gobernará el país durante los próximos cuatro años. Pero detrás de esa decisión hay una pregunta más profunda: ¿cuál de los miedos sembrados durante esta campaña logró calar con mayor fuerza en la conciencia colectiva?
Tuvimos durante muchos años un líder como Álvaro Uribe Vélez, capaz de despertar toda clase de emociones y, especialmente, amores y desamores. Más tarde hicimos algo parecido con Gustavo Petro Urrego, a quien muchos han elevado a la condición de redentor y otros han convertido en la causa de todos los males nacionales.
Como si esto fuera poco, ahora nos aparece un tercero a quien en principio muchos veíamos como un charlatán de caricatura y que, en un abrir y cerrar de ojos, también ha sido elevado a la categoría de tigre salvador, a sabiendas de que sus rugidos son prestados y sus colmillos de cartón.






