El próximo 21 de junio los colombianos elegiremos a quien tendrá la responsabilidad constitucional de representar la unidad nacional en uno de los momentos de mayor polarización política y social de las últimas décadas. La Constitución Política no deja lugar a interpretaciones. El artículo 188 establece que el Presidente de la República simboliza la unidad nacional. Esto significa que, una vez concluido el proceso electoral, desaparecen las campañas, los partidos y las divisiones propias de la contienda democrática. Quien resulte elegido deja de ser el candidato de una corriente política para convertirse en el presidente de todos los colombianos.
La historia demuestra que las naciones avanzan cuando sus líderes son capaces de construir puentes y convocar propósitos superiores. Nuestra Constitución de 1991 surgió de un amplio acuerdo nacional que permitió fortalecer la democracia en medio de una profunda crisis institucional. Décadas después, la estrategia de Unidad Nacional promovida por el gobierno de Juan Manuel Santos evidenció la importancia de la concertación política para impulsar reformas y afrontar desafíos de Estado.
Las experiencias internacionales son igualmente reveladoras. Nelson Mandela heredó una Sudáfrica fracturada por décadas de segregación racial y optó por la reconciliación en lugar de la revancha. Su liderazgo evitó una confrontación de consecuencias imprevisibles y sentó las bases para una transición democrática estable. Abraham Lincoln enfrentó la Guerra Civil estadounidense con la convicción de preservar la Unión por encima de las divisiones políticas y territoriales.






