La vida del juglar Calixto Antonio Ochoa Campo estuvo rodeada de canciones, en las que el corazón fluctuaba unido a su acordeón para con frases sencillas enmarcar su pensamiento en los amores que le regalaron alegrías y ciertas decepciones. En esa instancia muchas veces meditaba en la mujer que al llegar las horas de la tarde le removía el sentimiento, provocándole regresar al lugar donde la había conocido.
También se fijó en un lirio rojo bien adornado con una rosita blanca muy aparente, pero en un descuido llegó el verano y lo marchitó, no habiendo fórmula para regresarlo a su estado natural. Eso lo hacía llorar por su mala suerte, pero como buen agricultor volvía a sembrar el amor en terreno fértil.
Analizando sobre el ajedrez de la vida, donde se debe tener concentración de lo contrario se pierde la dama, optó por ser realista y no echarse mentiras. Es así como dijo: “Si la vida fuera estable todo el tiempo, yo no bebería ni malgastaría la plata, pero me doy cuenta que la vida es un sueño, y antes de morir es mejor aprovecharla”.











