OPINIÓN

Valledupar como centro turístico y periferia: la otra cara de la ciudad

Sí, Valledupar es tierra de vallenato y tierra de juglares, tierra rica en cultura y bellos paisajes, tierra de alegría y excéntricos festivales; pero también es una tierra que exilia a los suyos por falta de oportunidades.

web-Andrés Villamil, columnista de EL PILÓN.

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Desde las afueras, Valledupar es conocida por un sinnúmero de particularidades que exaltan y embellecen aún más su cultura y grandes cualidades. Un claro ejemplo de ello son la música, el Festival de la Leyenda Vallenata y una infinidad de legendarios intérpretes.

Dichos elementos, sumados a grandes influencias mediáticas y el panorama estético que caracteriza el entorno de la ciudad, han sido factores propicios para que el imaginario colectivo de foráneos y extranjeros adopte esta perspectiva. No obstante, dentro de la urbe la realidad cambia de manera drástica y radical.

Muchos ciudadanos de la capital vallenata no se limitan a describir su lugar de residencia desde una mirada meramente pasional, folclórica u optimista. Más que aquello, han adoptado una mirada crítica, propia de una sociedad que, estancada en la precariedad y marcada por la falta de oportunidades, emprende la búsqueda hacia un mejor porvenir.

Según el DANE, Valledupar es una de las ciudades de Colombia con mayores índices en cuanto a la tasa de desempleo, presentando un porcentaje del 9,8 % en los últimos meses del año pasado. Como consecuencia de lo anteriormente mencionado, se manifiesta también un alto porcentaje de informalidad laboral en la ciudad, con tasas que superaron el 65 % en el año 2025, lo cual afectó a más de 132.000 trabajadores.

Sumada a dichas problemáticas, es bien sabido que la situación de Venezuela ha causado la migración de un gran porcentaje de sus habitantes hacia nuestro país, contexto al que el municipio de Valledupar no ha sido ajeno, convirtiéndose en receptor de aproximadamente 40.000 migrantes del vecino país. Esto ha generado mayor presión sobre el empleo y, del mismo modo, ha aumentado la informalidad laboral.

Por otro lado, aunque las cifras de desempleo se han reducido gradualmente en comparación con meses anteriores, la realidad socioeconómica de la ciudad está muy lejos de llegar a ser digna. Esto provoca el deterioro de la calidad de vida de los valduparenses y, a su vez, una forzada e inevitable migración de los mismos.

Sería injusto, equívoco y totalmente absurdo reducir la cultura vallenata únicamente a sus limitaciones desfavorables, pero aún más injusto sería solapar sus vulnerabilidades bajo aspectos de carácter exclusivamente positivo. Dadas las circunstancias, resulta necesario y de vital importancia para los ciudadanos reconocer las condiciones adversas de la ciudad; esto con el fin de no invisibilizar nuestras problemáticas y, de esta manera, generar una presión social e institucional para la resolución de las mismas.

Incluso, los aspectos positivos pueden convertirse en artífices del cambio, el progreso y una constante mejora de las problemáticas sociales en las que se ve sumida la comunidad vallenata; todo esto, con el fin de crear conciencia colectiva y así trascender en aspectos tanto culturales como socioeconómicos.

Sí, Valledupar es tierra de vallenato y tierra de juglares, tierra rica en cultura y bellos paisajes, tierra de alegría y excéntricos festivales; pero también es una tierra que exilia a los suyos por falta de oportunidades.

Por: Andrés Villamil

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