OPINIÓN

Necesidad y conveniencia

El abogado Miguel Ángel Rocha Cuello reflexiona sobre la conveniencia de convocar una Asamblea Nacional Constituyente y sostiene que el principal reto del país no es reemplazar la Constitución de 1991, sino hacer efectivos sus principios, derechos e instituciones

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Miguel Ángel Rocha Cuello - Columnista de EL PILÓN

Miguel Ángel Rocha Cuello - Columnista de EL PILÓN

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La iniciativa para convocar a una Asamblea Nacional Constituyente para reformar la Constitución de 1991 ha generado un intenso debate en la opinión pública colombiana. Durante meses, la discusión ocupó titulares, debates académicos y conversaciones cotidianas, enfrentando argumentos sobre su conveniencia, oportunidad y necesidad. Ahora, tras el anuncio del retiro de la propuesta por el comité promotor en medio de la contienda electoral, surge un momento propicio para preguntarse: ¿cuándo requiere la sociedad una nueva Constitución?

A propósito, la Constitución de 1991 no surgió del antojo de un gobernante, ni de una oportunidad proselitista, fue una respuesta a hechos determinantes (Quinche Ramírez, 2020) enmarcados en una de las crisis más profundas de nuestra historia, reflejados en la violencia asociada al narcotráfico, los atentados terroristas, el asesinato de líderes, una crisis institucional y la pérdida de confianza en el Estado, que evidenciaban la necesidad de construir un nuevo acuerdo político y social.

A ello se sumó una movilización ciudadana sin precedentes. Miles de jóvenes universitarios impulsaron el movimiento “Todavía podemos salvar a Colombia”, que promovieron la Marcha del Silencio y posteriormente la Séptima Papeleta. La Constitución de 1991 fue en gran medida, la respuesta democrática a una ciudadanía que reclamaba más derechos, más participación y mejores instituciones.

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