Aún recuerdo con alegría la llamada que recibí por parte del Banco de la República para invitarme a dictar un taller de escritura con el fin de trabajar con internos de la Cárcel de Mediana y Alta seguridad de Valledupar CPAMS, en el marco del proyecto ‘Biblioteca Sin Fronteras’. Sin pizca de duda acepté y salí corriendo a las repisas de mi biblioteca para que los autores que reposan allí me dieran una mano con tremenda misión.
Leí varios artículos académicos sobre lectura y escritura en las cárceles del país, investigué sobre política pública, leí un par de noticias, contacté un par de personas y, finalmente, me senté a escribir el programa detallado para los talleres de ese año: de lo macro a lo micro con una especificidad que me emocionaba, sin dejar por fuera una recomendación hecha por un exinterno que había estado en ese mismo lugar hace muchos años y que hoy escribe sus propios libros: “No los subestimes”.
Cuando busqué noticias relacionadas con la cárcel de Valledupar encontré titulares preocupantes, pues es considerada por la opinión pública como la más “terrible” de Colombia: recibe a los mayores criminales del país. Es decir, quien ingresa a la “Tramacúa”, como se le conoce popularmente, es un criminal de alto calibre. Esto, por supuesto, en vez de tranquilizar a mis amigos y familiares causó desconcierto y resistencia. Sin embargo, como tozuda que soy, en vez de dudar, continué, pues era lo que había querido hacer desde siempre.










