Hoy el Concejo Municipal de Valledupar se enfrenta a una de las decisiones más trascendentales para el futuro financiero de la ciudad: autorizar o no un empréstito por 130 mil millones de pesos. No se trata simplemente de una cifra elevada —que ya de por sí exige cautela—, sino de la solidez real de los fundamentos sobre los cuales se pretende justificar este endeudamiento.
El eje del debate no es el crédito en sí mismo, sino la proyección de los ingresos corrientes de libre destinación. Ese es el verdadero soporte de la deuda. De ese recaudo futuro depende, en términos concretos, la capacidad del municipio para responder por las obligaciones que hoy se buscan adquirir.
Es cierto que los indicadores de solvencia han mejorado, y eso refleja avances en el recaudo. Ese esfuerzo debe reconocerse. Pero hoy no estamos evaluando el pasado. Estamos tomando una decisión que compromete el futuro fiscal de Valledupar. Y es precisamente ahí donde surgen las preocupaciones.











