Entre una cómoda zona de confort salarial y un precario espacio dentro del Gobierno nacional, así se percibe a Francia Márquez. Por un lado, una burócrata acomodada; por el otro, una servidora pública diluida, de quien ni ella misma espera ya algo en beneficio del país.
Ya ni siquiera la aguantan como ha estado durante los últimos tres años: con un pie adentro y otro afuera. Ahora la quieren con los dos pies por fuera. Y punto. ¿Pasó de heroína a traidora o, sencillamente, no dio la talla?
¿Qué ha hecho Francia Márquez, puntualmente, a favor de los 12 millones 672 mil colombianos entre los 14 y 28 años, que representan el 25 % de la población total del país? ¿Qué planteamientos se le conocen en beneficio de esa juventud?










