El país superó unas elecciones tensas y, a pesar de los ataques del gobierno, de la participación en política de Petro y la orientación de recursos públicos para darle algún brillo al Gobierno del Cambio, ganó Abelardo de la Espriella y, con él…, ganó la patria milagro.
Más allá del estrecho margen, que nos lleva a la victoria del NO en el plebiscito y el asalto de Santos a la democracia, Petro no tenía margen para la trampa, gracias a una organización electoral modelo en el mundo. Aunque, en una traición a la patria, quiso deslegitimarla y hasta pedir la anulación de las elecciones por una absurda acusación de intervención extranjera, al final caló el mensaje de Bernie Moreno y ganó esa patria traicionada.
Ganaron las propuestas de libertad, de justicia que castigue el delito, de una economía que, sin olvidar a los más vulnerables, entregue menos subsidios y más empleos; de seguridad como derecho fundamental y misión del Estado, y de un desarrollo de verdad integral, sin sesgos, que logre el gran milagro: rescatar al campo del abandono, porque la paz de Colombia pasa necesariamente por la recuperación del campo.






