La decisión que estudia el presidente electo Abelardo de la Espriella de establecer una sede alterna del Gobierno nacional en Barranquilla es una buena señal de descentralización, de cercanía con los territorios y de una nueva forma de gobernar que rompe con el excesivo centralismo de Bogotá.
Muy bueno por Barranquilla, pero esa misma visión debe extenderse a otras capitales estratégicas de la región Caribe. Valledupar y el departamento del Cesar tienen suficientes argumentos para aspirar a convertirse también en un escenario permanente de la acción gubernamental.
Durante los últimos cuatro años, el Cesar vivió uno de los periodos de mayor desconexión con la Casa de Nariño. El presidente Gustavo Petro nunca realizó una visita oficial al departamento para sostener una agenda institucional con las autoridades locales, ni convocó encuentros de trabajo con los mandatarios del Cesar para abordar los grandes problemas de la región. Esa ausencia política e institucional dejó importantes proyectos sin el acompañamiento que solo puede brindar el Gobierno nacional cuando existe una buena interlocución.
