EDITORIAL

No se pueden desestimar las JAC

Las elecciones de Juntas de Acción Comunal, JAC, y Juntas de Vivienda Comunitaria, desarrolladas el pasado domingo 26 de abril.

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A diferencia de EL PILÓN, uno de los pocos medios de comunicación que le dedicó portada al tema, las elecciones de Juntas de Acción Comunal, JAC, y Juntas de Vivienda Comunitaria, desarrolladas el pasado domingo 26 de abril, pareciera que no lograron despertar el interés de la gran comunidad y de algunos sectores en específico.

Las elecciones de las JAC están establecidas por la Ley 2166 de 2021 cuya finalidad es que los barrios definan quiénes llevarán las riendas de su organización comunitaria durante un periodo de cuatro años. Podría decirse que se trata de esa manifestación democrática que comienza en la esquina de cada sector.

Al igual que en el resto del país, las jornadas en Valledupar no fueron objeto de grandes titulares, pese a su importancia desde el punto de vista de lo que estas significan para la esencia de la democracia. Ya se ha vuelto común subestimarlas y no prestarle la atención debida.

En algunos sectores de Valledupar hubo cierta participación entusiasta, mientras que en la mayoría reinó la apatía y en otros se presentaron conflictos administrativos que, en casos como Villa Miriam, impidieron siquiera abrir las urnas. Todo ello hace pensar que la democracia barrial sigue dándose entre el compromiso ciudadano y la desconfianza acumulada de muchos residentes.

Sin embargo, en barrios como Álamos 2, la jornada rompió pronósticos. Contra la vieja costumbre de que “nadie participa”, los vecinos salieron a votar, impulsados por campañas cercanas, cara a cara, sostenidas en WhatsApp, perifoneo y visitas casa a casa. Allí se demostró que la participación no fue espontánea y que se logró mediante buenos mecanismos persuasivos.

El lado negativo lo marcaron sectores como María Camila Sur donde las cifras de participación fueron mínimas y eso le resta legitimización al proceso.

Son situaciones que merecen ser analizadas por las autoridades electorales, incluidas las zonas corregimentales, para que se evalúan tanto los mecanismos técnicos como los de índole política, definiendo reglas claras que permitan recobrar la credibilidad y la confianza ciudadana.

Se debe tener en cuenta que la elección de unos buenos líderes comunitarios ayudaría mucho en la solución de los principales problemas de los barrios o sectores agrupados en comunas, tales como el arreglo de parques deteriorados, medidas contra la inseguridad, buen alumbrado público, garantizar la eficiencia en la prestación de los servicios públicos domiciliarios, resaltar los aspectos culturales y todo aquello en lo que resulta evidente el abandono institucional.

Sabemos que son muchos los sectores comunitarios en donde el Estado suele llegar tarde, es ahí donde las JAC cumplen un papel necesario y por eso debe dársele toda la importancia del caso a las jornadas de elección de sus directivos o representantes.

Una buena JAC debe ser aquella que articula, gestiona y presiona sin enfrascarse en intereses burocráticos y sin convertirse en espacio de unos pocos o responder a los deseos y lineamientos de los mandatarios de turno.

Otro aspecto importante de esos procesos de elecciones comunitarias es que permiten descubrir nuevos liderazgos con gran espíritu cívico, pero es necesario que haya mayor participación femenina y juvenil, eso ayudaría a que la democracia en los barrios sea más equitativa, para lograrlo se deben adelantar jornadas de pedagogía y masificar la información relacionada con el tema.

La invitación final es a que las nuevas JAC se propongan como objetivo principal canalizar el interés de la gran comunidad, abriendo más espacios de participación, que rindan cuentas claras y que ayuden a mantener activo el impulso ciudadano.

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