A propósito del editorial de El Heraldo, publicado este domingo 24 de mayo, en el que asume públicamente su respaldo al candidato presidencial Abelardo de la Espriella, vuelve a ponerse sobre el tapete la discusión sobre si un medio de comunicación o un periodista debe tomar partido frente a una candidatura. Aunque llama la atención que haga, entre otras, una consideración estratégica de voto caribe por un hombre caribe, no vamos a entrar a valorar, analizar ni discutir su contenido.
En EL PILÓN se ratificó, por su junta directiva en 2010, al adoptar las ‘políticas editoriales’, que no apoyará oficialmente (en editorial) ninguna campaña electoral, sea de carácter territorial o nacional.
Sin embargo todo medio es libre. Lo importante no es tanto que exista una postura, sino cómo se ejerce. ¿Es ético que la prensa abandone la neutralidad y se incline públicamente por un aspirante al poder? En ese caso deben tenerse en cuenta algunos principios fundamentales del oficio periodístico, tales como saber diferenciar entre información y opinión. Cuando un medio utiliza su aparato informativo para favorecer a un candidato, ocultar errores, exagerar virtudes o atacar sistemáticamente a sus contradictores, deja de cumplir su función y se convierte en un actor político más.
También es necesario diferenciar entre el rol institucional de un medio y el de un periodista individual. El periodista debería ser neutral frente a todos los poderes. Aunque tiene derecho a sus opiniones personales y posiciones políticas, —y casi todos suelen tomar partido confundiendo información con opinión— su trabajo profesional exige rigor, equilibrio y honestidad intelectual. Cuando un periodista milita abiertamente desde su tribuna informativa, corre el riesgo de perder autoridad moral y credibilidad.
La discusión, entonces, no debería centrarse únicamente en si un medio puede apoyar una candidatura, sino en si ese apoyo afecta la calidad y pluralidad de la información que recibe la ciudadanía.
Es válida la ocasión para recordar la Carta Mundial de Ética para Periodistas de la Federación Internacional de Periodistas, FIP, adoptada en el 30º Congreso Mundial de esa organización, en Túnez, el 12 de junio de 2019. Ahí están definidos los deberes y derechos éticos de los periodistas. Estos son: 1) Respetar la verdad de los hechos y el derecho del público a conocerla. 2) El periodista defenderá el doble principio de la libertad de investigar y de publicar con honestidad la información, la libertad de comentario y de crítica. Distinguirá claramente la información de la opinión. 3) No informará sino sobre hechos de los cuales conozca el origen, no suprimirá informaciones esenciales y no falsificará documentos. Será cuidadoso en el uso de los comentarios y documentos publicados en las redes sociales. 4) No utilizará métodos desleales para obtener información, imágenes, documentos o datos. 5) La noción de urgencia o inmediatez en la difusión de la información no prevalecerá sobre la verificación de los hechos. 6) Se esforzará en rectificar de manera rápida, explícita, completa y visible cualquier error o información publicada. 7) Guardará el secreto profesional sobre la fuente de las informaciones. 8) Respetará la privacidad de las personas. 9) Velará porque la difusión de información o de opiniones no contribuya al odio o a los prejuicios. 10) Considerará como faltas profesionales graves: el plagio, la distorsión mal intencionada, la calumnia, la maledicencia, la difamación y las acusaciones sin fundamento. 11) Se abstendrá de actuar como ayudante de la policía u otros cuerpos de seguridad. 12) Mostrará solidaridad con sus colegas, sin renunciar a su libertad de investigación, información, crítica, comentario, sátira y libertad editorial. 13) No debe utilizar la libertad de prensa en beneficio de intereses de terceros. 14) No asumirá con ningún interlocutor un compromiso que pueda poner en peligro su independencia como profesional. 15) Todo periodista debe cumplir estos principios; y 16) Sólo aceptará la jurisdicción de organismos independientes de autorregulación, excluyendo cualquier injerencia gubernamental o de otro tipo. Feliz semana pre-electoral.
