A escasos 20 días del inicio del Mundial de Fútbol y a un mes del periodo vacacional de mitad de año, es preocupante la situación energética que enfrenta Valledupar con cortes permanentes del fluido eléctrico en los distintos sectores de la ciudad.
Las explicaciones entregadas, este viernes en rueda de prensa, por los directivos de Afinia dan una solución de corto plazo: en pocos días se anticipará el servicio de la nueva subestación Guatapurí y por lo menos 4 de 8 circuitos que atenderá serán abastecidos; sin embargo, las soluciones estructurales son más complicadas: no son las más alentadoras en razón a que la solución o soluciones, según ellos, demanda tiempo y también requiere de una buena dosis de conciencia ciudadana en cuanto al ahorro de energía. Pues el nivel de pérdidas técnicas y financieras es alto, de $30.000 millones de ventas mensuales en el Cesar, se pierden $11.200 millones y reflejan un grado alto de conexiones ilegales y robos de energía que, mientras no sean contrarrestados, generan un incentivo sin límites de consumir energía haciendo exponencial la demanda. Un boquete que hay que taparle la boca, ¿pero cómo?
Así, el problema base es que la demanda de energía rebosa la capacidad de suministro y de la infraestructura de la empresa Afinia, y el fraude en el consumo genera grandes pérdidas económicas que, a consideración de los directivos, impiden mayores inversiones para la optimización de redes.
Pero, independiente de quiénes son los culpables del problema y quienes son los responsables de la solución, al ciudadano común y corriente lo único que le interesa es que en su hogar y en su negocio haya servicio de energía eléctrica las 24 horas del día, máxime cuando se pagan unas altas tarifas.
El asunto es que mientras millones de colombianos se preparan para disfrutar de uno de los eventos deportivos más importantes del planeta como es el Mundial de Fútbol, y eventos como la Feria del Libro, en la capital del Cesar comienza a crecer la incertidumbre sobre la posibilidad de que esta ciudad no cuente con la energía suficiente y estable.
Frente a la solución del problema se hace énfasis en el factor tiempo, pero precisamente eso es lo que menos tiene hoy la ciudad. ¿Los anuncios de optimización de cuatro circuitos durante la primera semana de junio serán insuficientes frente a una demanda energética que supera ampliamente la capacidad actual, aumentada por las condiciones de altas temperaturas?
Afinia insiste en la necesidad de un cambio de conciencia ciudadana frente al consumo de energía.
En la rueda de prensa se dijo que la región Caribe consume en promedio 245 kilovatios, una realidad distinta al resto del país, de 120 en la nación. Aquí los acueductos funcionan mayoritariamente mediante sistemas de bombeo, lo que incrementa considerablemente la demanda energética. Por eso se necesita una regulación específica para el Caribe colombiano. Sin embargo, dentro de esa discusión regional, el Cesar merece un tratamiento diferencial.
También genera inquietud la falta de claridad sobre la eventual creación de una nueva empresa de suministro de energía. Se habla de alternativas y de posibles esquemas complementarios, pero hasta el momento son solo anuncios. ¿Quién asumirá realmente el compromiso de garantizar el suministro? ¿Cuándo comenzaría a operar esa nueva empresa? ¿Y las inversiones comprometidas no se harán? La ciudadanía merece información.
Compartimos el criterio del gerente regional de Afinia, Jorge Rivero, cuando afirma que se necesita una conversación estructural y de fondo entre el Gobierno nacional, los entes reguladores, las empresas prestadoras y las autoridades territoriales sobre cuál debe ser el modelo energético para la región Caribe; lo mismo que redefinir cómo debe operar una empresa energética en territorios con condiciones climáticas, sociales y de consumo distintas al resto del país. Y esa conversación debe extenderse urgentemente al caso del Cesar, por la nueva empresa que se propone, departamento convertido en el ‘patito’ feo (por facturación, pérdida y recaudos) de Afinia (Empresas Públicas de Medellín), en su mercado del Caribe colombiano.
