EDITORIAL

Día para enaltecer el origen laboral del vallenato

Una reflexión sobre la conexión entre el origen campesino del vallenato y el Día del Trabajo, resaltando la importancia de reconocer el valor laboral detrás del Festival y de la cultura musical.

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Según los historiadores del folclor vallenato, los inicios de la música vallenata son de raíz campesina, cuyas primeras melodías fueron cantos de vaquería y de las jornadas laborales de los labriegos.

Con base en ello, se podría decir que del trabajo campesino surgió la música vallenata, los primeros juglares vallenatos fueron trabajadores del campo. El maestro Alejo Durán es ejemplo de eso, solo para mencionar un caso.

Y como si eso fuera poco, ese aspecto circunstancial de la historia del vallenato coincide con la celebración del Día Internacional del Trabajo y la realización del Festival de la Leyenda Vallenata y por tal razón, mientras en otros lugares el primero de mayo se llena de marchas, discursos o descanso, en Valledupar se entrelaza con las fiestas del acordeón que rinde homenaje a juglares, compositores y a toda clase de artistas musicales.

Pero en esta fecha especial también se deben exaltar a los artesanos, técnicos de sonido, bailarines y toda una cadena humana que hace posible el festival. Este evento se debería convertir en una oportunidad para valorar el trabajo de todas esas personas que contribuyen a la preservación de la tradición musical vallenata.

En Valledupar, el Día del Trabajo siempre transcurre bajo el sonar del acordeón, la caja y la guacharaca, instrumentos que parecieran recordarnos que el trabajo también es cultura, identidad y motivo para muchas creaciones musicales.

Esa mezcla entre Día del Trabajo y desarrollo del Festival Vallenato ha de aprovecharse mejor en Valledupar y no permitir que esa fecha se diluya entre conciertos y parrandas. Sería bueno que se integraran ambos significados para que no pase desapercibida esa particularidad de las dos celebraciones.

¿Cómo lograrlo? Lo primero que se podría hacer es visibilizando a quienes trabajan detrás del festival, tanto a los artistas principales como a los trabajadores informales, los vendedores, los del montaje escénico, el personal logístico y a todas esas personas que son merecedoras de espacios de reconocimiento público como una especie de recorderis de que la fiesta existe gracias al trabajo de muchos.

Se pueden promover jornadas pedagógicas sobre el valor económico y social de la cultura, reconociendo que el vallenato, además de patrimonio cultural, también es industria, sustento y oportunidad. Sobre ese tema puntual se necesita entablar conversaciones que vinculen al folclor con el aspecto laboral y el desarrollo local.

Otro factor que merece abordarse es lo relacionado con procesos que ayuden a incentivar prácticas laborales responsables durante el festival. Se sabe que se desarrollan jornadas extensas y que la informalidad suele intensificarse en eventos masivos en los que el personal que cumplen esa función no cuenta con seguridad social. Convertir el Día del Trabajo en un momento ligado a la historia del vallenato será un buen marco teórico para exigir mejores condiciones en medio de la celebración, lo cual ayudaría a enaltecer ambas cosas.

A las nuevas generaciones de artistas y a nuestros visitantes hay que estarles recordando que el vallenato nació del relato de lo que se vivía en el día a día del trabajo en el campo, de las historias de vida rural, y que por eso en la mayoría de las canciones clásicas hay un recuento de la forma como se trabajaba y de cómo se inspiraban nuestros compositores o juglares.

Esas son las razones que hacen que en Valledupar el Día del Trabajo sea diferente a todo el país, acá se celebra entre acordeones. Pero está haciendo falta armonizar ambos significados y tal vez eso pueda convertir esta coincidencia en un ejemplo nacional en el que se demuestre que celebrar también es reconocer la importancia de lo laboral y que es posible que el trabajo se pueda desarrollar cantando y tocando acordeón.

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