Al igual que la necesidad urgente que tienen muchas regiones del país de reconstruir carreteras, viviendas y puentes después del reciente terremoto, al Cesar y La Guajira les urge la reconstrucción de buena parte de su economía, de muchos sectores que también viven su propia tragedia.
El ministro Indalecio Dangond, un guajiro vallenato, como describía Rafael Escalona a los nativos de la provincia, sostuvo que los arroceros de La Guajira no deberían continuar sembrando un cultivo que, según explicó, viene registrando pérdidas recurrentes, elevados costos y una fuerte dependencia del agua. Fue interpretado el llamado como si se dirigiera a todos los arroceros del país. Sugirió, entre otras alternativas, cultivos como el marañón y llamó a planificar la producción de acuerdo con las condiciones climáticas y ambientales de la región.
Pues bien, se puede discutir si esa es o no la mejor solución para los productores de arroz. Bienvenido el debate sobre productividad, costos, disponibilidad de agua, asistencia técnica, comercialización, variedades, infraestructura de riego y mercados. Todo eso es válido, pero lo que no se puede pensar es que la crisis del sector del arroz es un problema exclusivo de los arroceros.





