Hace cuatro años, el candidato del establecimiento, Federico Gutiérrez, quedó por fuera de la segunda vuelta. Los colombianos apostaron entonces por dos opciones que representaban el cambio y la transformación: Gustavo Petro y Rodolfo Hernández. Finalmente, ganó quien logró convertir el inconformismo social en una fuerza electoral, quien entendió que las emociones también hacen parte de la política y supo llevar el estallido social hasta las urnas.
Recomendado:María Isabel Campo integrará el comité principal de empalme del nuevo gobierno
Este año vimos una película distinta, pero con un formato a su medida y protagonistas acordes al momento político. Paloma Valencia, respaldada por los partidos tradicionales, no alcanzó la segunda vuelta. En cambio, llegó a la Casa de Nariño quien interpretó mejor el sentir de la gente, quien conectó con las emociones, las esperanzas y las preocupaciones de un país diverso, multicultural, polarizado, de francachela y profundamente apasionado. Lo hizo con un mensaje claro, corto, emotivo, pegajoso y fácil de recordar, entendiendo que en Colombia las urnas siguen siendo el principal mecanismo de transformación social y política.
La política no se gana únicamente con hojas de vida, títulos académicos o documentos técnicos. También se gana interpretando los sentimientos colectivos y construyendo un mensaje capaz de conectar con la ciudadanía. Y qué mejor ejemplo que las melodías del Poeta Diomedes Díaz, el Cacique de La Junta, cuando inmortalizó frases que aún hoy permanecen en la memoria popular, como: “Que te coma el tigre”. La gente recuerda aquello que la emociona.






