Vuelve a brindarnos de su esencia, vuelve a ofrecer poesía como suele hacerlo de manera especial, como nadie más puede hacerlo; vuelve a reencontrarse con la palabra; la propia y la de los invitados.
Vuelve a saborear el frescor de la Serranía del Perijá, a recibir las auroras con una tasa de café humeante, a abrazarse con las nubes que retozan entre los picos de los cerros que suelen ofrecer susurros de cánticos mágicos.
Vuelve a encender el sortilegio de la naturaleza que brinda vida y sentencia amor por todas partes; árboles azules enamorados del follaje de una serranía pura; café con sabor a poesía y un semillero que va regando esperanza, en la fina sutileza del niño y del joven que viven encantados de ser la inspiración de un pueblo que lleva en sus entrañas ternura, que brota cual manantial de ensoñación.




