Por lo general, los empleados impuntuales, improductivos y de pésima actitud suelen sentir que su incompetencia se debe a la empresa, al jefe, o a los compañeros, ignorando, que, en realidad, de su falta de compromiso con ellos mismos y, por ende, con la organización.
Una persona que no se encuentra plenamente comprometida consigo misma, ¿cómo puede llegar a comprometerse con algo más? Los compromisos que pactamos con otros son un reflejo de los compromisos que hemos hecho previamente con nosotros mismos. El error más grande que puede cometer una empresa es contratar a una persona que aún no sabe qué quiere en su vida, ya que a la hora en que comiencen los desafíos creerá que lucha por la empresa, en lugar de reconocer que lucha por ser una mejor persona, por superarse a sí misma, alcanzar sus metas y no salirse del camino ya trazado.
En muchas ocasiones, no ser flexibles, comprensivos o diligentes ante las necesidades de la organización nos lleva a actuar de forma abrupta, ya sea renunciando, juzgando o generando conflictos, desconociendo que estamos ignorando que las empresas también tienen alma.
Toda empresa tiene una fecha de nacimiento y, si no genera buenos ingresos, una pronta fecha de defunción. Asimismo, tienen personalidad, que se define gracias a su clima, su cultura y sus valores, y, al igual que una persona, tiene defectos y virtudes. Una persona que ingresa a trabajar en un centro comercial, pero al tiempo se desmotiva porque debe trabajar fines de semana o en Navidad, está peleando con la personalidad de la empresa; y el día en que dijo sí, el día del contrato —que es como si fuese un matrimonio—, estaba ignorando con quién se estaba casando; en realidad, tan sólo se fijó en lo que recibiría, en su salario, las comisiones, en el hecho de trabajar en un lugar seguro, bonito y con una empresa grande y sólida, pero jamás pensó en lo que la empresa era, en su alma, su esencia y lo que necesitaba.
La mayoría de las personas renuncian cuando las empresas más los necesitan, ignorando que, al igual que las personas, nadie quiere que lo abandonen en los momentos críticos; todos queremos y necesitamos personas que nos acompañen a superar las dificultades, y las empresas no son la excepción.
Existen personas que se quejan por salir unos minutos tarde de la empresa, pero siempre quieren que les den permiso para hacer sus diligencias personales. En pocas palabras, los trabajadores quieren empresas sensibles a sus necesidades como padres, hijos, hermanos, dueños de mascota, vecinos, conductores en medio de trancones, crisis existenciales, entre otras tantas realidades que no se pueden ignorar, pero ¿quién es sensible frente a las crisis económicas que enfrentan las empresas, los días de cierre contable, los festivos, las exigencias de la DIAN y otros tantos impuestos, las necesidades de los clientes, los tratos con proveedores y la amenaza invisible que genera la competencia? Las empresas también necesitan médicos que las traten, psicólogos que las entiendan y, lo más importante, amigos, que vienen siendo los empleados, quienes deben quedarse y estar allí en los momentos más cruciales.
La próxima vez que digas sí frente a tu contrato de amor, recuerda que no son sólo ladrillos donde trabajarás y billetes lo que recibirás; estarás habitando un cuerpo con personalidad y haciendo sentir un corazón que late gracias a tu cumplimiento y productividad.
María Angélica Vega Aroca / Psicóloga
