COLUMNA

Ni política ni religión

Hay un pasaje de la Biblia que habla de Jesús expulsando a los mercaderes del templo. Nos lo han vendido traducido literalmente, con un Jesús enojado, látigo en mano, echándolos afuera como si se hubiesen metido al templo a vender sus mercancías.

canal de WhatsApp

Hay un pasaje de la Biblia que habla de Jesús expulsando a los mercaderes del templo. Nos lo han vendido traducido literalmente, con un Jesús enojado, látigo en mano, echándolos afuera como si se hubiesen metido al templo a vender sus mercancías. La verdad es que no sucedió así; lo que realmente lo enfureció fue cómo los líderes de la iglesia tenían un contubernio con los políticos de Roma y, bajo engaños, chantajes y manipulación, usaban las Sagradas Escrituras para hacer negocios y robarse no solo los impuestos, sino las ofrendas. Cuando Jesús los desenmascaró, son estos líderes (el Sanedrín) quienes conspiran para que sea eliminado; y, efectivamente, así sucedió. Son ellos quienes terminan poniendo “al pueblo” a que elija entre un ladrón como Barrabás y Jesús.

Más de dos mil años después, seguimos con la misma narrativa de no hablar de política ni de religión para evitar discusiones y conflictos con unos temas “tan polémicos” que es mejor no tocarlos. Que cada quien crea en lo que le dé su gana y que cada quien profese lealtad a las ideas políticas que le plazcan; bajo esa realidad es que hoy tenemos a políticos ladrones, pastores farsantes y curas pederastas, pero mucho peor: bajo un silencio cómplice que termina afectándonos a todos porque ya se descararon.

El problema no es que exista ese contubernio. Ahora el gran lío es que algo que realmente estaba prohibido (aparentemente) era que la iglesia se metiera a hacer política. Y ojo, que aquí ya estoy hablando de las iglesias cristianas evangélicas, porque, dicho sea de paso, si algo ha mantenido a la Iglesia católica indemne es que, salvo algunos casos muy puntuales, casi nunca he visto a un sacerdote o un obispo invitando a sus feligreses a que voten por X o Y candidato. Salvo uno que otro sacerdote se ha aventurado a participar directamente en las contiendas electorales con resultados de ingrata recordación: el cura Hoyos como el más elocuente ejemplo.

Casi como un déjà vu, esta semana vi a un candidato a la Cámara de Representantes públicamente “ungido” por una asociación de iglesias cristianas que, en masiva manifestación, lo presentaban como “su elegido”. Entiendo que en el discurso del mencionado candidato no faltan las ya conocidas frases de “Dios te bendiga” y el nombre de Dios en casi todo lo que dice. No tengo que recordarle a la audiencia en qué terminó el último “pastor” disfrazado de político (o viceversa), en cuya autoría directa y a través de iglesias tejieron toda una red de corrupción donde se robaron miles de millones de pesos que le valieron la cárcel por varios años; y parece que van por más.

Si algo debo respetar es que cada quien tiene el derecho de elegir a su verdugo. Pero lo que sí no resulta ni ético, ni decente, y mucho menos moral, es que un grupo de pastores se preste para nuevamente inmiscuirse descaradamente en política y querer vender a un candidato cuestionado y salpicado por cualquier cantidad de irregularidades en su gestión al frente y en la sombra de una entidad pública. La verdad, solo espero que cuando Cristo vuelva empiece por los templos de Valledupar y ahí sí, con látigo en mano, los expulse por rufianes robando en el nombre de Dios.

Por Eloy Gutiérrez Anaya

TE PUEDE INTERESAR