El encuentro entre los expresidentes Gaviria y Uribe es el momento crucial de esta campaña presidencial. Marca el rumbo de las elecciones y del país.
No son los del próximo año unos comicios típicos donde solo se define el nombre de quién gobierna y un énfasis programático. Nos jugamos la democracia misma. Si gana el candidato de Petro, no hay duda de que la izquierda extrema, ahora sí, se queda en el poder.
Las instituciones resultaron mucho más fuertes de lo que se creía. Las cortes, a pesar de los constantes ataques de Petro y en ocasiones de sus turbas, una y otra vez han tomado decisiones que marcaron la primacía de la Carta del 91 por encima de la voluntad del gobierno. Eso que Petro llama “golpe blando” no es sino el imperio de la ley. El Congreso, a pesar de los esfuerzos sistemáticos desde la Casa de Nariño por sobornarlo, ha demostrado independencia. Eso que Petro llama “bloqueo institucional” no es sino el ejercicio de la separación de poderes y del sistema de frenos y contrapesos. Pero esas instituciones no resistirían cuatro años más de penetración y ataques presidenciales.





