Decíamos que el terremoto de magnitud 7.4 en la escala Richter es un hecho lamentable que deja a su paso tristeza y desolación, y que, para conjurar esta situación, el Gobierno expide el Decreto 1171 de 2026 mediante el cual declara el estado de Emergencia Económica y Social con arreglo a lo dispuesto en el artículo 215 de la C.P.
Tocamos, además, el tema de la imprevisión, señalando que en una región de alta sismicidad, como lo es el Eje Cafetero, no cabe hablar de sismos como un hecho imprevisible o extraordinario. Pero, además, debemos recordar que, por este mismo motivo, han sido declarados inexequibles decretos expedidos en administraciones anteriores. Por ejemplo, el Decreto 1085/2023 fue declarado inexequible mediante fallo C-383 de 2023, cuyo argumento central fue desestimar la teoría de la imprevisibilidad de las sequías en el Departamento de La Guajira. La Corte, al declararlo inexequible, manifestó que este hecho no podía ser considerado como imprevisible, pues los meteorólogos anuncian con suficiente antelación las variaciones climáticas y los fenómenos atmosféricos para que se tomen las medidas tendientes a conjurar dichas situaciones; lamentablemente no ocurre así, y cuando se presenta la calamidad, los mandatarios no ven otra salida distinta a la declaratoria de emergencia, con muy poco éxito, por las razones anotadas. El Decreto 4975 de 2009 en virtud del cual se declaró el estado de Emergencia Social, que pretendía conjurar la crisis en el Sistema de Salud, también fue declarado inexequible al considerar la Corte, mediante sentencia C-252 de 2010, que el problema de la salud en Colombia era un problema estructural y de vieja data, no un hecho imprevisible. En síntesis, al no superar el examen de imprevisibilidad, muy probablemente se declarará la inexequibilidad del Decreto 1171 de 2026. Así las cosas, el Gobierno tendrá que echar mano de la generosa ayuda extranjera, venga de donde venga.
La frase de cierre: “Las iniciativas presidenciales pueden perecer en el Congreso o quedar bloqueadas en los altos tribunales. Y si bien estas limitaciones frustran a todos los políticos, los demócratas sabemos que no les queda más remedio que aceptarlas y son especialmente duchos capeando el aluvión de las críticas”. Autores: Steven Levitsky y Daniel Ziblatt. Obra: Cómo mueren las democracias. Página 94. darioarregoces2308@hotmail.com





