Tres reformas legislativas de hondo calado social deja el Gobierno del Cambio: son ellas: la reforma tributaria, en virtud de la cual se grava con mayores impuestos a las empresas y personas naturales con mayores ingresos, se crea el impuesto saludable que busca “castigar” las bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados, y se “castiga” con mayor tributación al sector extractivista de petróleo y carbón. La segunda es la reforma laboral: en virtud de la cual se logra recuperar para la clase trabajadora los dominicales y recargos nocturnos, se privilegia el contrato a término indefinido, frente a los contratos temporales, y se establece un salario para los aprendices, trabajadores de plataformas y personas cuidadoras, entre otros avances.
Y por último, la reforma pensional: independientemente de la suerte que puedan tener los 9 artículos que, por orden de la Corte Constitucional, deben ser devueltos a la Cámara de Representantes para su estudio y deliberación, el resto de la reforma fue declarado exequible, esto es, más del 90% de su articulado, con un valor agregado: los artículos devueltos no son, ni con mucho, la parte vital de la reforma. Con esta reforma se crea el sistema de pilares que cambia por completo la lógica del sistema anterior, se eliminan las pensiones que sobrepasan los 43 millones de pesos y se reconoce un bono pensional para los adultos mayores que no alcancen a pensionarse para que tengan una vejez digna.
Tres reformas logradas con esfuerzo y valentía, y que buscan dignificar a los más vulnerables y a los que verdaderamente crean riqueza: la clase trabajadora. Desde luego, que a muchos les incomodan estos avances legislativos y denigran del Pacto Histórico que se dio la pela por sacarlas adelante, pero así es la democracia.





