Durante el ejercicio de la profesión de médico cirujano, algunas personas me consideraron como un ser santificado. Incluso hubo personas que me veían la aureola. Imaginación −ilusión o alucinación−, que siempre desaprobé enérgicamente de manera amigable.
‘Chelalo’, célebre médico naturista de la región, me remitió una paciente adolescente que emanaba secreción purulenta por el domo de una nalga. La habían operado tres veces en diferentes ciudades con persistencia de la fístula. Sus radiografías mostraban un cuerpo extraño metálico de un centímetro de largo con la mitad más delgada y puntiaguda afuera de la cavidad abdominal. En el examen físico le observé flujo vaginal fétido. Al preguntarle si tenía relaciones sexuales, tanto la paciente como su madre, afirmaron enfáticamente que era señorita (virgen).
Entonces la programé para cirugía ambulatoria bajo anestesia general y en el quirófano le hice exploración vaginal, donde le encontré una mina plástica de bolígrafo, incrustada a través del cuello uterino; se la extraje con una pinza; además, le realicé lavado vaginal y desbridamiento quirúrgico en el orificio de la fístula de la nalga. También le tomé una radiografía de control como prueba de que le había extraído el cuerpo extraño.





