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¿Saqueo o democracia en Venezuela?

Lo peor que nos puede pasar es el estallido de una guerra civil en Venezuela, con todos los detonantes para que ocurra, aunque Trump negocia la estabilidad de la región con el chavismo, como estructura de Estado bajo el paraguas de la presidenta Delcy Rodríguez y de su hermano Jorge Rodríguez.

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Lo peor que nos puede pasar es el estallido de una guerra civil en Venezuela, con todos los detonantes para que ocurra, aunque Trump negocia la estabilidad de la región con el chavismo, como estructura de Estado bajo el paraguas de la presidenta Delcy Rodríguez y de su hermano Jorge Rodríguez, a la cabeza de la Asamblea Nacional, porque pragmáticamente le da la espalda a María Corina Machado, que según el mandatario estadounidense no goza de respeto ni apoyo del pueblo venezolano, postura que no varió ni con el Nobel de la Paz que le entregó para halagarlo, una oposición sin poder real, donde el petróleo y el control territorial hablan más fuerte que la ideología y cualquier simbolismo.  

En el resurgir de la doctrina Monroe: “América para los americanos”, se reaviva y adquiere mayor connotación la consigna: ¡El planeta para los americanos! Y entiéndase que América son los Estados Unidos, porque América del Sur es su patio trasero, pero lo que hoy se cuestiona es un patrón de conducta que muchos gobiernos ya describen sin eufemismos: saqueo, coerción y desprecio por la soberanía ajena, detrás de invasiones que se intensificaron en América Latina, Medio Oriente y Asia, con acciones directas, golpes de Estado apoyados desde el exterior e intervenciones militares.

“El que tiene más saliva, traga más harina”, refrán popular que en forma de sentencia significa que aquel que tiene más recursos o habilidades y el poder de las armas consigue más; quien es más listo saca mayores ventajas de las cosas y sus circunstancias, sin importar normas, aunque el Sur Global acelera la reconfiguración más radical del equilibrio de poder en el hemisferio occidental para no ser avasallados con bloqueos, éxodo, hambruna, aranceles y otros mecanismos de asfixia económica.

El Sur Global comprende en términos generales África, América Latina y el Caribe, Asia excluyendo Israel, Japón y Corea del Sur, y Oceanía sin Australia y Nueva Zelanda, según la UNCTAD, que es el órgano principal de la Asamblea General de las Naciones Unidas en la esfera del comercio y el desarrollo.

Estamos entrando en una etapa más inestable, donde la fuerza vuelve a imponerse y las reglas dejan de ser compartidas, escenario favorable a Norteamérica en virtud de su potencial tecnológico y el poderío bélico que justifica en la seguridad y democracia de los pueblos, o poder e intereses disfrazados de libertad, para la lógica de un mundo globalizado y más informado con el auge de las redes sociales.

El país del Norte exhibe una carrera armamentística en la que invierte una cifra superior a los $300 billones de dólares y dispone de más de 700 bases militares en todo el mundo para someter a los países que no responden a sus intereses, pero la historia muestra las nefastas consecuencias humanitarias que han dejado estas operaciones en países como Irak, Libia y Panamá, porque suele quedar un Estado debilitado, como ocurrió en Afganistán, para poner otro ejemplo, que tras décadas de ocupación el país regresó a manos extremistas con una infraestructura destruida, colapso institucional, crisis humanitaria y, lo peor, centenares de miles de muertes civiles, recapitulando a Chile con Pinochet y de nuevo Irán con protestas sociales alentadas por Estados Unidos. 

En Irak, la invasión de Estados Unidos, so pretexto de armas nucleares, provocó un vacío de poder que dio origen a células terroristas globales. Las consecuencias no son solo políticas; son humanas. El desplazamiento forzado, la destrucción de servicios básicos y la pérdida de soberanía económica son el denominador común de estas acciones.

La situación actual en Venezuela plantea un interrogante alarmante de desestabilización para la región: ¿es posible que ningún país esté a salvo de la voluntad de Washington?

La actual postura del gobierno de Trump sugiere que la obediencia a las condiciones impuestas por la Casa Blanca es el único requisito para evitar la presión militar, con el agravante de implicaciones regionales significativas, incluyendo crisis migratorias y un precedente peligroso para la soberanía de otros países que no se alineen con las políticas del gobierno estadounidense de turno.

A lo largo de la historia, las invasiones estadounidenses han tenido como argumento la defensa de la democracia, la protección de los derechos humanos, la lucha contra el terrorismo y la seguridad nacional. Sin embargo, múltiples investigaciones históricas y documentos desclasificados han demostrado que, en muchos casos, las razones reales estuvieron ligadas al control de recursos estratégicos (petróleo en Irak y Libia), a la instalación de bases militares y a la influencia geopolítica en regiones clave, a la protección de intereses corporativos y financieros y a la contención de proyectos políticos considerados adversos.

Por Miguel Aroca Yepes

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