En Valledupar, los católicos veneramos al santo Ecce Homo. Su potestad milagrosa se ha extendido más allá de la comarca, al punto que de otras regiones llegan numerosos feligreses y abundan las súplicas, cual lamparines alrededor de su altar.
En mi condición de creyente, todos los años renuevo mis súplicas. Santo Ecce Homo, supremo guardián de la vida y la esperanza, defensor insobornable de la moral y de la fe, centinela de la alianza del amor y la verdad. Fortalece, santo Ecce Homo, en cada uno de los habitantes de Valledupar el sentido de pertenencia por nuestra querida y bella ciudad para que sus calles y sus árboles sean jardines de bonanza.
Santo Ecce Homo, Altísimo Padre de la justicia: te pedimos por nuestros gobernantes, para que sean transparentes como el desfile de la lluvia y abran las puertas de su corazón a ti, para que cumplan con humildad la misión encomendada. Haz el milagro de la paz en Colombia.




