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¿Por qué no hay movilidad inteligente en Valledupar?

La noción de movilidad inteligente comúnmente podríamos asociarla con la implementación de sistemas de inteligencia artificial, redes semafóricas adaptativas e interconexión digital. Empero, para que una ciudad pueda desplegar una infraestructura tecnológica de este calibre, requiere, palmariamente, una base física funcional que garantice la fluidez del tráfico. En Valledupar, el debate técnico no puede centrarse […]

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La noción de movilidad inteligente comúnmente podríamos asociarla con la implementación de sistemas de inteligencia artificial, redes semafóricas adaptativas e interconexión digital. Empero, para que una ciudad pueda desplegar una infraestructura tecnológica de este calibre, requiere, palmariamente, una base física funcional que garantice la fluidez del tráfico. En Valledupar, el debate técnico no puede centrarse única y exclusivamente en la adquisición de software de gestión vial cuando la estructura misma de la ciudad presenta fallas operativas notorias y muy severas.

La primera dificultad o el primer obstáculo radica en el déficit acumulado de la malla vial urbana. Los análisis de infraestructura revelan que más del 40 % de las vías pavimentadas de la capital del Cesar presentan deterioro capa sobre capa, manifestado en fisuración estructural, piel de cocodrilo y hundimientos en sectores de alto flujo. Esto obedece a deficiencias en el diseño de subbases ante el incremento del parque automotor y a la ausencia de sistemas adecuados de drenaje pluvial. Cada temporada de lluvias genera escorrentías superficiales que aceleran el desgaste del asfalto y reducen la velocidad promedio de circulación en arterias principales a menos de 18 kilómetros por hora en horas pico.  

A esto se le podría sumar la saturación por capacidad geométrica. Valledupar experimentó un crecimiento urbano acelerado en las últimas tres décadas, pasando de una configuración concéntrica a una expansión longitudinal que congestionó corredores estratégicos. Gran parte o en la mayoría de la malla vial urbana responde a trazados tradicionales con gálibos estrechos que carecen de los carriles necesarios para segregar el tráfico pesado, el transporte público y la movilidad particular. Es por ello que las avenidas como la Simón Bolívar, la Fundación, la Carrera 9 y los accesos periféricos operan diariamente al límite o por encima de su capacidad de diseño. El índice de volumen sobre capacidad en las intersecciones clave supera la unidad durante las horas de máxima demanda, un indicador claro de colapso operativo que los semáforos de tiempos fijos actuales son incapaces de regular.

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