COLUMNA

Quítate la coraza de quien siempre tiene que ser fuerte

Hay personas que aprendieron a sostener el mundo sin pedir ayuda, a sonreír cuando todo pesa, a decir “estoy bien” cuando por dentro se están desmoronando, personas que no se permiten quebrarse porque sienten que, si lo hacen, todo a su alrededor también se caerá. A esas personas quizás tú, quizás yo, quiero decirles hoy: quítate la coraza de quien siempre tiene que ser fuerte.

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Hay personas que aprendieron a sostener el mundo sin pedir ayuda, a sonreír cuando todo pesa, a decir “estoy bien” cuando por dentro se están desmoronando, personas que no se permiten quebrarse porque sienten que, si lo hacen, todo a su alrededor también se caerá. A esas personas quizás tú, quizás yo, quiero decirles hoy: quítate la coraza de quien siempre tiene que ser fuerte.

Ser fuerte no debería significar no sentir, pero a muchos nos enseñaron que la vulnerabilidad era debilidad, que llorar era sinónimo de perder el control, que pedir ayuda era molestar, y que mostrarse dolido era decepcionar a los demás. Entonces, nos volvimos buenos en aparentar, en decir “todo bien” mientras el alma pide una tregua; en sostener sonrisas como escudos y convertir el cansancio emocional en una rutina silenciosa.

Lo que pocos dicen es que sostener siempre el papel de “fuerte” también cansa, cansa física y emocionalmente, porque el cuerpo guarda lo que la voz calla: la presión en el pecho, el insomnio, la fatiga, los pensamientos que no paran.

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