Una franqueza impresionante definió la política exterior de Trump en su primer año de regreso a la Casa Blanca. En rápida sucesión, bombardeó a militantes en Yemen e instalaciones nucleares iraníes, promovió un frágil alto al fuego en Gaza, obligó a los líderes europeos a aumentar su gasto en defensa, obtuvo compromisos comerciales y estratégicos de China, exigió a Dinamarca la entrega de Groenlandia y amenazó con aranceles contra casi todos los principales socios comerciales de Estados Unidos.
Desde que asumió el cargo, el presidente estadounidense ha expresado repetidamente la idea de una expansión estadounidense en Groenlandia, lo que ha provocado una condena generalizada y malestar tanto en la propia isla como en la comunidad diplomática internacional. Groenlandia se considera estratégicamente importante tanto para la defensa como para una futura fuente de riqueza mineral.
El discurso aparentemente desquiciado de la Casa Blanca sobre la apropiación de Groenlandia discurre con la crisis climática por el Ártico que se está descongelando, abriendo una feroz competencia por recursos, territorio y un acceso estratégico. Para principios de la década de 2040, los pronósticos sugieren que el calentamiento global podría haber dejado las aguas heladas alrededor del polo norte (el océano que separa a Rusia de Canadá y Groenlandia) prácticamente sin hielo en verano. Esto podría abrir un nuevo atajo desde Asia hasta Norteamérica, no por el centro del planeta, sino por encima, creando nuevas rutas para el comercio, el transporte marítimo, la pesca y, lo que es aún más preocupante: para ataques militares.
¿Por qué cree Estados Unidos que necesita anexar Groenlandia? Al fin y al cabo han tenido tropas estacionadas en este territorio danés autónomo desde la Segunda Guerra Mundial. El único beneficio que sí viene exclusivamente con la propiedad, curiosamente, son los derechos sobre las riquezas subterráneas que podrían liberarse a medida que este país helado se calienta.
Groenlandia es una fuente excepcional e inexplotada, no solo de petróleo y gas, sino también de los minerales de tierras raras que se utilizan para fabricar desde baterías de carros eléctricos hasta procesadores para centros de datos. En estos minerales están las esperanzas estadounidenses para ganar la carrera tecnológica con China.
Los planes del presidente Trump sobre Groenlandia son claramente descabellados. Con insistencia afirma que Rusia y China conspiran para apoderarse de la isla y que Dinamarca debería ser obligada urgentemente a transferir su soberanía. No obstante, Dinamarca ha permitido durante mucho tiempo a Estados Unidos un amplio acceso militar a Groenlandia, pero la isla es prioridad de anexión por el imperio Trumpiano.
Los líderes sabios tienen asesores. Los imprudentes tienen aduladores. La mayoría de los presidentes estadounidenses afirman ser no intervencionistas, pero cuando se visten con la indumentaria del poderío militar les resulta difícil resistirse a hacer alarde de ello. Cuando Estados Unidos decide remediar al mundo, nadie más que Estados Unidos puede detenerlo. Pero esas recetas rara vez se materializan. Con mayor frecuencia, terminan en un enorme derrame de sangre y gasto de dinero, justificado con discursos insensatos sobre libertad y seguridad nacional. Si las opciones son que Dinamarca y Groenlandia se rindan o asuman las consecuencias, la única pregunta es cuánto tiempo esperará Trump antes de decidir tomar las cosas por las malas.
Por Luis Díaz
@LuchoDiaz12





