Una de las mayores problemáticas de las familias en el mundo actual está directamente relacionada con el rol de los padres de familia. Hoy las familias no tienen tantos hijos como antes; por obvias razones, los momentos para compartir y formar se han reducido también drásticamente y esto, sumado a querer ser populares con sus hijos, lleva a que los padres y madres de familia caigan en distorsiones complejas que erosionan su relación parental. Los papás están llamados a serlo y no a asumir un rol que no les corresponde: el de amigos.
Podemos entender, quienes estamos en este tema de la educación, que a los papás y mamás les interese ser cercanos a sus hijos, mantener una comunicación fluida y poder acompañar sus procesos de crecimiento, maduración y construcción de personalidad y criterio. Pero cuando, para lograrlo, se desdibuja su rol y se pasa a ser el “amigo”, el “bacán”, el “compinche”, empiezan los problemas. Los padres de familia están llamados a guiar a sus hijos, a ser su mejor ejemplo, así como a formarlos y quererlos. Además de eso, son las personas llamadas para proveer vivienda, salud, educación, recreación, bienestar en general, a diferencia de los amigos.
Así las cosas, ¿cuál puede ser el interés de los padres al asumir un rol de personas que no tienen este tipo de compromisos con sus hijos? Los padres, siendo también proveedores, no pueden comportarse como si no lo fueran, no pueden comportarse como amigos. Los amigos no van a proveer ese conjunto de insumos que hacen parte del bienestar que merece un ser humano, cualquier ser humano. Está claro que, cuando esta distorsión se pone en práctica, cuando los papás asumen el rol de amigos, los amigos no asumen el rol de los padres y ese vacío, que se crea por la ausencia de los padres, empieza a ser llenado por el hijo mismo. Por eso todo termina generando una dinámica perversa en la que, para los hijos, tanto la vivienda como el resto de los insumos, se vuelven obligación y no se agradece por ellos. Esto genera que la relación entre padres e hijos cambie, se desdibuje y la distorsión que hemos explicado es la que empieza a regir.
Nadie dice que ser papá o mamá sea fácil. Pero se complica la ecuación si ese reto no se asume con responsabilidad, y, por el contrario, se ejerce desde un facilismo que afecta dicha relación. La falta de autoridad de los padres deja al descubierto una necesidad de los hijos por llenar ese vacío; se trastocan ambos roles y, por ende, se crea el caldo de cultivo perfecto para generar caos. Los colegios no están llamados a reemplazar a los padres en sus funciones ni debe interesarles hacerlo; a ellos los seguimos reconociendo como los primeros educadores y los colegios buscamos acompañarlos en este camino, sin llegar a ejercer su paternidad. Construir equipo siempre será clave; las narrativas de crianza, sus pautas, deben ser consistentes en casa y colegio. Por eso es tan importante construir entre todos, juntos, ambientes familiares y escolares en los que la conversación sea permanente, continua y sistemática. “Si los padres de familia no pueden ir a hablar al colegio de sus hijos, están fregados”; si los colegios no pueden conversar con las familias de sus estudiantes, se verán igualmente afectados.
Mientras tanto, recientemente Caracol Televisión rescindió los contratos laborales de Jorge Alfredo Vargas -presentador principal del noticiero- y de Ricardo Orrego -del área de deportes-. ¿La razón? Acusaciones de varias excompañeras suyas del canal, que se sintieron acosadas sexualmente por ambos personajes. No soy nadie para juzgar y quiero ser claro en esto: si esos comportamientos se presentaron, no queda nada diferente a exigirles que paguen el precio por eso, por semejante error. Lo lamento por ellos, pero especialmente por sus familias, ajenas a todo esto; seguramente son hogares que han quedado afectados de manera casi que letal. ¿Y qué pasa con Benedetti, Hollman Morris, Matador y el senador Alex Flórez? Acusados de lo mismo, pero este gobierno criminal los cuida, los premia, los protege. ¡A por ellos!
Por: Jorge Eduardo Ávila
