Por: José Gregorio Guerrero
Ya va a ser un año, en que un medio día recibo una llamada, donde el interlocutor me daba una dolorosa noticia: “alista la guayabera blanca que a Orto le están esperando el momento” yo tragué en seco un nudo que se me hizo en la garganta; entonces pregunté ¿Qué tan grave está? “ya no conoce, está tendido en la cama, y “Yola” (su mujer) ya mandó a hacer la ropa de luto”.
No había nada que hacer, en las próximas horas partiría mi padrino al cielo. Enseguida fui a verlo morir, y al llegar vieran ustedes el estado indefenso en que lo encontré, ¡pobre mi padrino!: estaba sentado en la cama comiéndose unos patacones fritos bien crocantes con queso rayado, con su pierna cruzada, moviendo la patica como la sabe mover cuando está disfrutando algo; sabroso morirse así- le dije- .




