Parece que la historia se repite para los usuarios del sistema de energía, en el pasado las críticas y el malestar se volcaba en la extinta empresa Electricaribe quien llegó a ser la empresa más odiada en la Costa Caribe, incluso siendo objeto de vandalismo y quema de oficinas en varios municipios y hasta víctima de petardos explosivos como la oficina de San Diego, Cesar, por allá a principios de la primera década del 2000.
En septiembre de 2020 y luego de la salida de Electricaribe del mercado, el consorcio EPM (Empresas Públicas de Medellín) y Energía de la Costa entran al mercado, para ello lo segmentaron en dos; el primero denominado Caribe mar que sería operado por EPM a través de su empresa AFINIA en los departamentos de Bolívar, Sucre, Córdoba y Cesar, el otro segmento se denomina Caribe Sol y es operado por la empresa Aire, con presencia en los departamentos de la Guajira, Atlántico y Magdalena, un actor nuevo en el mismo sistema.
Lo que el nuevo consorcio y el gobierno sabían era que entrarían a un mercado con profundas distorsiones y con un legado de complejidades que van desde una difícil cultura de pago, mercados subnormales con deficiente recaudo, una creciente cultura del fraude y por supuesto unas enormes pérdidas técnicas por la débil infraestructura existente en la región; este último componente sería el protagonista de los aumentos desproporcionados en el componente de la tarifa; es por ello que para entender el contexto de lo que está pasando en la costa me reuní con un experto para poder explicarlo de manera sencilla y que el ciudadano de a pie pueda entender al leer estas líneas.




