«Soñar no cuesta nada», esta es una frase que aprendió mi madre del refranero popular para hacernos caer en la cuenta de que imaginar o desear cosas grandes es libre, no nos cuesta absolutamente nada y es liberador.
Justamente para esta época en la que se desarrolla un certamen popular, multitudinario, que cada cuatro años pone a soñar a millones de personas en diferentes lugares del mundo: viejos y niños, blancos y negros, pobres y ricos, países potencia y económicamente fuertes, o empobrecidos por los avatares de la vida.
El Mundial de Fútbol, que cada cuatro años nos congrega y nos brinda la posibilidad de soñar, de poner a volar la imaginación y creernos por unos días que se puede lograr ser campeón mundial.
