La profesión de médico especialista en cirugía general la ejercí con múltiples vínculos laborales simultáneos, tanto en el ámbito público como en el privado. Considero que con mucha autonomía debido, indiscutiblemente, a la falta de vigilancia y control institucional.
En el Hospital Rosario Pumarejo de López (HRPL) y el Instituto de los Seguros Sociales (ISS), siempre trabajé con contratos a término indefinido. El pago por la atención de los enfermos hospitalizados en clínicas privadas era por destajo de las empresas aseguradoras de salud o, de los pacientes particulares, recibía honorarios en efectivo.
Organizaba mis agendas laborales en las entidades públicas y privadas que prestaban la atención de urgencias por turnos de disponibilidad, y para prestar tan importante servicio, las entidades públicas buscaban a los especialistas en sus ambulancias, y en las clínicas privadas nos avisaban por teléfono o beeper. Cuando no localizaban a los médicos especialistas de turno, los familiares y amigos de los pacientes también lo buscaban.
