Mis progenitores fueron Justiniano Toribio Romero Rondón y Fernanda Churio Amaya Villazón. Fernanda, mi madre, nació el 30 de mayo de 1910 en el barrio El Cafetal de Villanueva, municipio de Colombia en el sur del departamento de La Guajira y fallece en Valledupar el 15 de julio de 2012. Mis abuelos maternos fueron Leandra Churio Perea y Baltazar Amaya Villazón, y mis bisabuelos maternos fueron Máxima Churio, Manuel Perea, Rafaela Amaya y Liberato Villazón. Liberato, medio hermano de Francisco Villazón el papá de Crispín Villazón de Armas, persona ilustrada que ocupó altos cargos públicos.
A propósito, hago un paréntesis para narrar la anécdota que tuve con este distinguido personaje de Valledupar, cuando en Valledupar le diagnosticaron apendicitis aguda lo atendí por petición de su cuñado, Luciano Aponte López, mi estimado amigo y prominente colega. Crispín Villazón de Armas, después de examinarlo, me dijo: “Los Romero Churio son inteligentes porque tienen genes de mi familia”. Por su indecorosa actitud lo amonesté parodiando a, Clyde Kluckhohn, célebre antropólogo estadounidense, diciéndole con afabilidad: “Doctor Crispín, soy como todos los Homo sapiens y, por lo que me ha dicho, deduzco que usted se considera un ángel caído del cielo”. Con la misma amabilidad le informé que lo remitiría a Bogotá con el argumento de que su enfermedad requería cirugía y, por los riesgos de complicación, lo mejor ra operarlo en donde haya más recursos para controlar las posibles complicaciones. En poco tiempo fue trasladado en avión ambulancia y fue operado con resultado satisfactorio. Me corresponde decir que la remisión me la sugirió el doctor Luciano Aponte López por recomendación de su hermano, José Antonio Murgas Aponte, entonces ministro de Trabajo, cargo en el que había reemplazado a su cuñado Crispín Villazón de Armas.
Mi abuela Leandra, en vista de que el padre de su hija ignoró su responsabilidad paternal, rápidamente formalizó unión libre con Pedro Atencio, oriundo de Guacoche, corregimiento al sur del municipio de Valledupar, donde en 1926 mi madre, todavía adolescente, establece convivencia marital con Justiniano Romero Rondón, procreando doce hijos, seis mujeres y seis hombres, siendo yo el décimo de sus hijos. Mi padre nació en Guacoche el 15 de abril de 1902 y muere en Valledupar el 14 de octubre de 1988. Sus padres fueron Isabel Márquez Romero y Venancio Tranquilino Rondón. Y mis bisabuelos paternos, Crucerfa Romero, José Tomás Márquez, Filomena Rondón y Marcelino Vanegas. Mi bisabuela Crucerfa Romero, nació en Guacochito, hija de Francisco Romero, eran gente de raza blanca y ojos azules, propietarios de tierras en la zona de Guacochito. Mi bisabuelo José Tomás Márquez fue un negro cimarrón que llegó a Guacoche con su hermana Juana Márquez en búsqueda de mejor vida. José Tomás, conquistó a Crucerfa Romero a pesar del inflexible rechazo de parte de su padre Francisco Romero, y con muchas penurias tuvieron tres hijas: Isabel Márquez Romero, mi abuela, Tomasa Romero y Teresa Romero, las dos últimas tomaron el apellido Romero sin el Márquez.
Mi abuela Isabel Márquez Romero tuvo seis hijos con Venancio Rondón Vanegas, otro negro cimarrón de los que se refugiaron en Guacoche. Sus primeros cuatro hijos fueron Venancio Tranquilino, Luisa, Evarista y Justiniano Toribio, mi padre. Con su primo Agapito Márquez, su segundo consorte, tuvo a José Tomás Andrés Márquez Márquez, sobrino de José Tomás Márquez, su querido padre, ya que Agapito, reitero, era hijo de Juana, la hermana de José Tomás Márquez, su papá a quien quiso mucho. Y su última hija la procreó con Bernardo Atencio y le puso el nombre de Juana Atencio, creo que por el inmenso cariño que siempre le profesó a su adorado padre. Fértil
Mi abuela Leandra Churio, con Pedro Atencio, tuvo un hijo, mi tío Ramón Churio Atencio, que tuvo más de 40 hijos. Baltazar Amaya tuvo un hijo llamado Marcos, le conozco 4 hijos. Isabel Márquez Romero y sus hermanos tuvieron gran cantidad de hijos; por ejemplo, mi padre tuvo 22 hijos reconocidos y 100 nietos reconocidos, además los que tuvieron Tomasa y Teresa Romero. Esto me lleva a decir que los miembros de mi familia son incontables, y muchos viven en Guacoche, Guacochito y El Jabo y otros en otras latitudes de Colombia y el mundo.
Por José Romero Churio





