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Los inteligentes, los sensatos y el poder

Los inteligentes son aquellos quienes desde un punto de vista filosófico cultivan la sabiduría más allá del saber común y técnico y han acumulado los hechos relevantes en los fracasos para luego buscar los métodos exactos tal que no se repitan, y si llegaren a suceder por lo menos hacerlos soportables.

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Los inteligentes son aquellos quienes desde un punto de vista filosófico cultivan la sabiduría más allá del saber común y técnico y han acumulado los hechos relevantes en los fracasos para luego buscar los métodos exactos tal que no se repitan, y si llegaren a suceder por lo menos hacerlos soportables. Nunca se limitan a acumular datos, sino a buscar las causas y comprenderlas, reconocer sus límites y ser capaces de vivir en armonía con la incertidumbre, buscando siempre la verdad, despejando la duda, y ante la vacilación prefieren guardar silencio. No solo usan la lógica, sino también la ética para saber discernir en lo justo, lo necesario, lo bello y lo estético. Aquí radica la diferencia entre coeficiente intelectual y cociente emocional siendo este mucho más relevante que aquel.

No temen nunca cambiar de opinión, ni mucho menos reconocer el error, el cual lo aceptan como tal para luego tomarlo como ejemplo en nuevas creaciones que permitan ante el bien común actuar con prudencia. Son curiosos, la arrogancia no la manejan y son humildes ante la presencia de la ignorancia. Para ellos, pensar es un acto de libertad y responsabilidad frente a sí mismo y frente al mundo.

Al inteligente no le gusta el conflicto por vanidad ni poder, pero lo enfrenta si es necesario para defender la justicia o la dignidad; no lo busca, pero tampoco lo evita cobardemente. Entiende que, a veces, el conflicto es el precio de la coherencia con la moral y del compromiso con el bien.

La inteligencia y la sensatez están profundamente relacionadas, pero no son lo mismo. La inteligencia es la capacidad de comprender, razonar, resolver problemas y adaptarse al entorno. Puede ser abstracta cuando llevamos el pensamiento más allá de la imaginación, técnica cuando manejamos la solución precisa del bien como función social, y emocional cuando nos permite a través del sentimiento enfocar la razón para lograr la sensatez en nuestras actuaciones

La sensatez, ya está dicho, es la capacidad de aplicar esa inteligencia con juicio, prudencia y equilibrio, especialmente en situaciones prácticas o éticas.

Una persona puede ser muy inteligente y, sin embargo, actuar sin sensatez si no considera las consecuencias, si se deja llevar por impulsos o si utiliza su mente para fines egoístas. La sensatez implica moderación, reflexión y un sentido de responsabilidad. En cierto modo, la sensatez es la inteligencia puesta al servicio del bien vivir.

Así, mientras la inteligencia nos da herramientas para entender el mundo, la sensatez nos guía sobre cómo actuar en él con sabiduría, respeto y coherencia. Cuando ambas se integran, forman un carácter verdaderamente admirable y confiable.

El sabio previene el conflicto y cuando no lo logra entonces su inteligencia le permite resolverlo liderando sus emociones para conducir con la mayor serenidad en la búsqueda de la fórmula precisa.

Escuchar antes de hablar, deliberar antes de decidir. La inteligencia sin sensatez degenera en arrogancia, y la sensatez sin inteligencia se vuelve pasividad. Para gobernar democráticamente con equilibrio, debemos cultivar la autocrítica, respetar la pluralidad y reconocer la dignidad del adversario. Se requiere educar en valores cívicos, practicar la transparencia y limitar los excesos de poder con instituciones sólidas. El diálogo debe prevalecer sobre la imposición, la verdad sobre la propaganda y el bien común sobre el interés propio. Solo así inteligencia y sensatez se funden en una política sin odios, abierta al consenso y a la justicia.

Se sabe que las tensiones geopolíticas y la falta de libertades políticas pueden limitar la cooperación entre ambas.

Avanzar con fuerza, para ser más poderoso no depende solo del poder como tal, sino de la legitimidad y estabilidad interna que tan solo lo permite una gran relación entre inteligencia y sensatez.

Por: Fausto Cotes N.

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