El diseño de la justicia es el mismo en todo el planeta. Primero contamos con una lista de acciones que consideramos inaceptables y por ello las hemos prohibido, a éstas se les llama delitos. No son estáticos, sino que mutan en el tiempo, así pues siempre estamos propensos a que aparezcan nuevos, como los disparos al aire, o desaparezca alguno existente, como la despenalización del aborto. Adicionalmente, hay dos partes: El presunto criminal con su defensa y el Estado representado en el fiscal como redentor de las víctimas. Pareciera un enfrentamiento desigual, donde la mano de hierro de todo un país se pone al servicio de la justicia para hacer pagar a alguien las consecuencias de sus actos, pero funciona y es lo que tenemos.
Aunque el procedimiento varía de nación a nación, esta arquitectura jurídica requerirá en cualquier caso que los dos contendores estén presentes en la mesa, uno para atacar y tratar de demostrar la culpabilidad, mientras el otro alega su inocencia o simplemente elude los señalamientos hasta que no haya pruebas contundentes en su contra. Este delicado equilibrio se ve trastocado irremediablemente cuando la parte acusada simplemente decide no acudir al proceso y desaparecer de la geografía para evadir el actuar de la administración de justicia. Una moda que comienza a imponerse en Colombia y para la cual parece que nuestro ordenamiento normativo no estar preparado para hacerle frente.
Cada tanto un nuevo titular de una fuga cinematográfica embarga los medios de comunicación. El político de turno involucrado en alguna investigación penal tiene las de ganar una vez llega a el aeropuerto ElDorado, pues mientras su avión levanta vuelo y abandona la jurisdicción nacional puede tener la plena certeza de que ya ganó su caso. Con menos de una veintena de tratados de extradición firmados por Colombia, el mundo entero es un pajar en el cual esconderse y jugar a “¡Dónde está Wally?” parece más rentable. Hoy por hoy un tiquete de dos o tres millones de pesos a cualquier paraje olvidado es la sentencia de libertad más efectiva que un implicado tiene a su alcance.





