COLUMNA

Churrasco de burro

La polémica por el consumo de carne de burro en Argentina sirve como punto de partida para reflexionar sobre la polarización política y los riesgos del fanatismo en las democracias.

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¡El país de la carne hoy está comiendo burros! Este debió ser el titular de los principales diarios del mundo y por supuesto de todas las cadenas de noticias prestigiosas como CNN, BBC o ABC que en simultáneo debieron cubrirla con la trascendencia que amerita ya que se considera una tragedia para un país que es reconocido por su buena carne; sin embargo, nada de esto pasó, inmediatamente las redes sociales en particular Twitter (Hoy X) convirtieron el evento en el tema de moda desplazando a las noticias de la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán; en vez de eso, un medio argentino afín al gobierno puso a una periodista a que probara la carne de burro en plena transmisión, la cara de la periodista se convirtió en otra noticia viral puesto que no coinciden sus gestos con sus palabras, esto más allá de la enorme controversia y un motivo de enfrentamiento entre los opositores al gobierno y quienes lo apoyan, lo que demuestra es un hecho muchísimo peor del que nadie se atreve a comentar.

Javier Milei, actual presidente de Argentina, llegó al poder con un discurso radical de ultraderecha, anunciando medidas extremas en lo económico, recorte drástico del Estado, lucha frontal contra los corruptos y por supuesto utilizando calificativos desobligantes contra sus opositores políticos particularmente del ala izquierda, a tal punto de convertir una motosierra en su lema y símbolo de campaña que más allá del eufemismo que le dieron los medios y sus simpatizantes ligeramente decentes a la herramienta al menos en Colombia hay una ingrata recordación de lo que significa la motosierra y peor aún en manos de una persona que tendrá el poder del estado y he aquí el punto de análisis porque la consolidación del discurso del mal mayor quizás no esté donde dicen que está ¿Les suena familiar?

El peor escenario que se le puede plantear a un país que está a punto de decidir su destino es precisamente el de la polarización extrema porque mal manejada (o bien, según sea el caso) puede convertirse en una bomba peligrosa que al explotar, lleva a una sociedad a la miseria y de paso incluso a guerras civiles, porque terminan eligiendo a personajes con un discurso que dice lo que la gente quiere escuchar y por supuesto convertirlo en instrumento para vengarse del que supuestamente es el enemigo cuando no existe tal, no olviden lo que pasó en Ruanda, ejemplo que he citado en innumerables ocasiones en estas líneas pero es la prueba más fehaciente de hasta dónde pueden llevar alimentar los odios con fines políticos.

Argentina vive una tragedia. La inflación acumulada en los últimos 12 meses se ubicó en el 32 % y su deuda externa es de 472.135 millones de dólares, lo que corresponde al 78,4 % de su PIB siendo por supuesto su principal acreedor el FMI, dicho en palabras comunes, el país está en la quiebra, endeudado y pasando hambre, pero cuando se entrevista a sus votantes afirman que aún así no se arrepienten de haber votado por Milei ¿ven a lo que me refiero? Esto se llama fanatismo político y esto si se considera la mayor amenaza de una democracia porque caminan ciegos como borregos incluso a su propio matadero.

Argentina debe ser nuestro espejo de lo que no puede ni debe pasar en las próximas elecciones presidenciales, no es cierto que un individuo vaya a llegar con un poder absoluto para cambiar todo un sistema que lleva funcionando dos siglos y donde está demostrado que el presidente es solo eso, un empleado que depende de poderes que escapan de su control y que el suyo está en manos de otros que ni siquiera conoce pero que ponen el dinero y los medios para que se elija.

Si el argumento de la derecha es que el problema es la izquierda y hay que “destriparla” o que el problema es que la derecha es corrupta, asesina y saqueadora y hay que eliminarla, entonces el próximo presidente le espera la tarea de acabar a medio país que no le gusta, sea cual sea el que gane. ¿Notan el peligro?

Por: Eloy Gutiérrez Anaya

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