Hacer trizas significa destruir completamente algo, o romperlo en pedazos muy pequeños, según la Real Academia Española (RAE), con una aclaración, el término se usa casi siempre en plural: “trizas”. Pues bien, esta coloquial expresión en nuestro país tiene una connotación especial, pues es frecuentemente utilizada por un sector de nuestra política doméstica; pero veamos con ejemplos los grandes proyectos políticos, que no contaron con el respaldo que se requería para su gestación y desarrollo, y terminaron “vueltos trizas”.
El primero de ellos, sin lugar a dudas, es la Reforma Agraria, propuesta por varios presidentes en distintas épocas, pero que encontró en los grandes terratenientes de este país, su principal obstáculo, al punto de hacerla fracasar. Hoy, gracias al gobierno del Cambio, es una realidad, pues se han entregado 703.661 hectáreas de tierra fértil, a decenas de familias campesinas con sus respectivos títulos de propiedad, Una cifra que contribuye a cerrar la brecha de la desigualdad en Colombia, y que, pese a los obstáculos, es una realidad.
En segundo lugar, tenemos el Acuerdo de Paz, suscrito por el Gobierno de J.M. Santos, en virtud del cual se logró la desmovilización de 13.609 combatientes de las Farc-Ep, y se creó la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) cuyo componente de justicia hace parte del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y garantía de No Repetición. Pues bien, en el Gobierno de Iván Duque, este gran logro estuvo a punto de morir debido a que no se destinaron los recursos necesarios para su implementación, quedando la paz, prácticamente a la deriva. De ahí nace la nueva Marquetalia, o disidencias de las Farc. Hoy, el Gobierno del Cambio, retomó los diálogos, financió la compra de tierras, como lo mencionamos en el punto anterior, pero la guerra persiste, pues los espacios dejados por las Farc, no fueron ocupados, como se esperaba, por el Gobierno, ni se interesaron por realizar proyectos de desarrollo rural en esos territorios, y claro, pasó lo que tenía que pasar.
En tercer lugar, tenemos la salud. El gran proyecto para acabar de una buena vez con la nefasta Ley 100 de 1993, que convirtió la salud en un negocio, y la vida del ser humano en mercancía. El gobierno del Cambio, propuso un modelo de salud preventivo y de atención primaria, eliminando la intermediación financiera de las EPS y fortaleciendo el papel del Estado. No obstante, pese a los problemas crónicos que arrastra la salud desde hace más de treinta años y que día a día se agravan, no ha sido posible desmontar el obsoleto sistema, porque los señores congresistas del Centro Democrático y de Cambio Radical, principalmente, beneficiarios del negocio de las EPS, se han opuesto a la reforma a la salud, volviendo trizas cualquier intento por mejorar el sistema, y ahora con una alta dosis de cinismo se rasgan las vestiduras, culpando a Petro, por la intervención de las EPS que lo que busca básicamente es establecer quiénes fueron los que se robaron la salud de los colombianos.
En conclusión: destruir todo intento que pretenda mejorar la situación de la población vulnerable, parece ser la consigna de quienes pretenden volver a gobernar el país. De usted depende que vuelva la muerte, la guerra y la destrucción.
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Por: Darío Arregocés Baute.
