Desde pequeño, atraído por los libros que llevaba mi padre en aquel entonces, me sentí cautivado por un tema en especial, a pesar tal vez de lo incomprensible y de lo que conllevaba leer sobre ciertos temas sobrepasando o violando el límite de edad que sin duda debe exigirse para ello. Me refiero a la mitología, en general. Aunque son diversas, debo admitir que el mito griego fue el que se impuso desde entonces y ha sido una de mis grandes pasiones a través de los años.
Cada lector, de acuerdo con sus creencias, cultura y experiencias, puede darles y encontrarles la explicación que desee, pero la verdad es que el hombre lleva siglos acompañado por ellos, para bien y para mal. Y hoy, a nuestro alrededor hay infinidad de misterios, de incógnitas, de preguntas sin resolver y de fenómenos que, de momento, no tienen respuesta ni explicación razonable. Las imposiciones de ideología religiosa y cultural han marcado desde la infancia nuestras creencias y por ello esto que escribo, mis queridos lectores, no lo hago con el fin de persuadir sus pensamientos, sino más bien de alimentar el conocimiento sobre el pensamiento del hombre a través del paso de los años, pero sin olvidar que la mayoría de los seres míticos de todas las etnias, credos y culturas pueden estudiarse e intentar comprenderse desde el punto de vista de alegorías y simbolismos, lo que indica que, en su momento, tuvieron su razón de ser.
En alguna ocasión escribí, si mal no recuerdo, sobre mitología y algunos de sus personajes. Hoy retomo esta temática con la convicción de que lo poco que pueda aportar será valorado por ustedes, mis queridos lectores, pues en los márgenes del realismo cotidiano parece moverse algo más: aquello que muchos no saben explicar o prefieren ocultar.





