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Las emociones se deben compartir

El mundo laboral lleva a la mayoría de las personas a vivir como un ratón de laboratorio en su ruedita de actividad, persiguiendo un salario en lugar de un sueño.

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No podemos encasillar la infancia como una etapa de alegría y diversión, y la adultez, con tristeza y aburrimiento. Los niños también sufren, se avergüenzan y se llenan de ansiedad ante las múltiples exigencias de la sociedad, en esta nueva era de la tecnología.

El mundo laboral lleva a la mayoría de las personas a vivir como un ratón de laboratorio en su ruedita de actividad, persiguiendo un salario en lugar de un sueño.  Cuando se persigue un salario y el dinero no alcanza, la persona se suele llenar de tristeza, decepción y desespero al sentir que no logra conseguir lo suficiente para suplir las necesidades de su familia que suelen ser de otras generaciones y géneros; lo peor es que sufren en silencio porque sienten que nadie los entiende.

Los niños enfrentan hoy en día situaciones que sus padres nunca vivieron. Anteriormente, las rutinas familiares eran más tranquilas, los encuentros con los amigos siempre eran presenciales y la moda era más comodidad que apariencia. Es curioso escuchar adultos diciendo: “En mi época también había ‘bullying’, pero uno lo superaba y no sufría por eso”; en aquel entonces, el ‘bullying’ se reducía al entorno y ambiente escolar, pero hoy día, sigue por redes, con comentarios, fotos, seguidores y bloqueadas al perfil. En los años 90, las bromas en clase no quedaban registradas en video para luego ser compartidas a nivel mundial; por mucho, se enteraban los amigos de otros salones, pero hoy día, la presión es permanente, y muchos adolescentes comienzan a sufrir de depresión y ansiedad, sin necesidad de haber pasado por un divorcio, el desempleo o enfrentar un problema legal. 

Así como la red permanece conectada todo el tiempo, están los niños y los adolescentes luchando con sus emociones; aunque, a decir verdad, existen adultos más pendientes del último Tik Tok de su ex, que de su propio trabajo. Si ejerce presión una red social sobre un adulto, ahora imaginemos a un adolescente enfrentando dicho monstruo.

Es triste ver abuelitos con los que nadie quiere compartir, relegados por la creencia de que son aburridos y no tienen nada por contar, cuando en realidad, guardan una sabiduría infinita de cómo enfrentar la vida y superar los obstáculos que en ella se presentan. Tres generaciones con mucho por decir, pero callando y sufriendo en silencio. El mismo peso que sienten los adultos por el trabajo y las responsabilidades lo sienten los abuelos con sus sufrimientos, y los niños, con el último celular que les obsequiaron.

Estamos conviviendo en la actualidad, muchas generaciones con puntos de vista y experiencias completamente diferentes, y en lugar de escucharnos sin juzgar, nos estamos atacando y criticando, ignorando los sentimientos y las emociones que cada uno está sintiendo. La mejor forma de entender al otro es teniendo un acercamiento genuino, con el deseo de ayudar, en lugar de culpar o avergonzar.  Es curioso cómo pasa una persona de ser un niño ignorado, a un adulto que ignora, y luego a ser un abuelo olvidado. 

Ya existen muchos partidos políticos, religiones y géneros que nos separan, no pongamos más límites entre los seres humanos y eliminemos las brechas que están haciendo que muchas personas se sientan cada vez más confundidas y solas. Te invito a vivir encuentros intergeneracionales, a conectar con otras personas, escuchar sus experiencias, sus aprendizajes y sus temores. De pronto, en medio de ellos, puedas encontrar respuestas a tus propias dudas o darle un nuevo significado de vida, a alguien más.

María Angélica Vega Aroca 

Un ser humano más.

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