Hoy quiero abordar un tema del cual todos tenemos conciencia perfecta, pero que nos negamos a reconocer; no es algo nuevo ni estoy descubriendo el agua tibia, simplemente nos molesta ver a otro con celular en mano retraído, pero no nos examinamos en la faena propia.
Le damos una importancia inusual y, estemos con quien sea, revisar el celular y contestar mensajes se ha vuelto algo supremamente necesario; no habrá el que con golpes de pecho salga a decir: “Yo no, la verdad es que a mí el celular no me domina”. Ojalá sea así.
Hoy hasta el colorido de los versos, la picardía e interpretación de canciones que se conjugaba con los colores de las trinitarias, del cañahuate florecido; de los campos, valles, la serranía del Perijá y la Sierra Nevada, se minimizan con las redes sociales y todo se puede hacer a través de la inteligencia artificial. Este es un tema que tocaremos en otra nota.





