COLUMNA

La tecnología avanza, la humanidad retrocede tristemente

Los creadores de contenido con mensajes insulsos atropellan las bellas poesías que envuelven sueños y vivencias, declamadas por Gustavo Gutiérrez, por ejemplo, y se ven empañadas por el sonar intruso de un mensaje de texto o una llamada.  

canal de WhatsApp

Hoy quiero abordar un tema del cual todos tenemos conciencia perfecta, pero que nos negamos a reconocer; no es algo nuevo ni estoy descubriendo el agua tibia, simplemente nos molesta ver a otro con celular en mano retraído, pero no nos examinamos en la faena propia.

Le damos una importancia inusual y, estemos con quien sea, revisar el celular y contestar mensajes se ha vuelto algo supremamente necesario; no habrá el que con golpes de pecho salga a decir: “Yo no, la verdad es que a mí el celular no me domina”. Ojalá sea así. 

Hoy hasta el colorido de los versos, la picardía e interpretación de canciones que se conjugaba con los colores de las trinitarias, del cañahuate florecido; de los campos, valles, la serranía del Perijá y la Sierra Nevada, se minimizan con las redes sociales y todo se puede hacer a través de la inteligencia artificial. Este es un tema que tocaremos en otra nota.

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